El proyecto de Tagomago, obra de Carlos Ferrater construida en el año 2000 en Ibiza, se articula a partir de una estructura muy clara y reconocible. Un cuerpo central concentra los espacios principales —sala de estar, cocina, dormitorio principal y una pequeña estancia de apoyo— y se prolonga mediante cinco pabellones independientes alineados, casi como una secuencia vertebral. La última pieza, de igual dimensión, actúa como cierre del sistema, mientras que en la parte posterior aparece un volumen de servicio. Posteriormente se añadió una lavandería, resuelta con el mismo lenguaje arquitectónico, sobre la que no se ha intervenido.
A pesar de no tratarse de una vivienda catalogada, se planteó junto al promotor una intervención extremadamente respetuosa con el proyecto original. El criterio fue abordar la obra como una restauración, en términos comparables a la puesta a punto de un automóvil de colección, manteniendo materialidad, proporciones y lógica espacial.
Las carpinterías exteriores fueron completamente sustituidas, reproduciendo el diseño original en iroko, pero utilizando madera laminada para evitar deformaciones. Se incorporó doble acristalamiento con mejores prestaciones térmicas y vidrio extra-claro con control solar, manteniendo la percepción de ligereza y transparencia.
Los muros de piedra de marés presentaban patologías relevantes. Se realizó un diagnóstico mediante planos técnicos, identificando y numerando cada sillar para elaborar un inventario de daños. Se recuperaron piezas del muro de acceso para su reposición en la edificación principal y se ejecutaron cortes controlados en puntos de cambio de carga para evitar fisuración aleatoria.